Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca AsÃ, la existencia del coleccionista está regida por una tensión dialéctica entre los polos del orden y el desorden.
Esa existencia también está ligada, naturalmente, a muchas otras cosas. A una relación muy enigmática hacia la posesión, sobre la que más adelante puede ser conveniente decir unas palabras. Además, a una relación hacia las cosas que, lejos de poner en primer plano su valor funcional, y por tanto su utilidad, su uso posible, las estudia y las quiere, al contra rio, como escenario o teatro de su destino. El hechizo más profundo del coleccionista es cercar el ejemplar en un cÃrculo embrujado donde se petrifica, sacudido por un último estremecimiento: el de haber sido adquirido. Todo lo que atañe a la memoria, al pensamiento, a la conciencia, se convierte en zócalo, marco, pedestal, sello de su posesión. La época, el paisaje, la artesanÃa, el propietario del que procede el susodicho ejemplar, todo esto se reúne a los ojos del coleccionista en cada una de sus posesiones, para componer una enciclopedia mágica, cuya quintaesencia no es otra que el destino de su objeto.
