Diario de Moscu
Diario de Moscu J’ai été un peu long à vous ecrire. Pero cerca de regresar, me enteré de que había muchas cosas de con las que tenía que lidiar en mi pequeña oficina de juguete de editor; entre ellas, con una gripe. Hace varios días que estoy examinando mi expediente de «Moscú». Quizá te topes con algunas pequeñas notas mías en el Literarische Welt. Una colección encantadora de fotos (juguetes de origen ruso) debería haberte llegado a Frankfurt. Estoy ofreciéndolas a las Illustriertes Blatt[184] y hubiera preferido pedirte que hagas de intermediario (ya que tendrás para entonces mi texto, que acompaña las fotos que ves), de no ser porque un amigo me llevó à l’improviste a ver a [Karl] Otten, que ya las envió a Frankfurt. Finalmente, estoy planeando escribir algo «comprehensivo» sobre Moscú. Pero, como es frecuente conmigo, esto probablemente se va a dividir en notas particularmente pequeñas y disparatadas, y en gran parte de ellas el lector se verá abandonado a sus propios medios. Pero de cualquier manera que resulte y sin importar lo poco o mucho que pueda transmitir a mis amigos, estos dos meses fueron una experiencia verdaderamente incomparable para mí. Mi intención fue volver más rico en percepciones vívidas que en conceptos teóricos (y creo que fue algo provechoso). Veo cómo de ese modo me he acercado involuntariamente a una de las características de sus cuadernos parisinos, los cuales disfruté inmensamente. Me atrevo a decir que mis «observaciones»[185] de París coinciden en esencia con las suyas. «El brillo de los problemas», ésa es una fórmula absolutamente extraordinaria de qué es lo que provoca la belleza de las cosas y de la vida en esta ciudad, incluso bajo la iluminación más fuerte. No sé si has estado siguiendo el diario de Gide de su viaje a África en la Nouvelle Revue Française[186]. Pero no sorprende que el gobernador francés fuera obligado a renunciar, teniendo en cuenta las cosas que han sido reportadas (y de una manera tan verídica) sobre las atrocidades coloniales francesas allí. Intente imaginar el equivalente alemán. O mejor aún, fíjese en la experiencia y muéstreme un solo caso desde la elección de Hindenburg que haya castigado el abuso infantil con más de una fianza o dos semanas en la cárcel. Espero que pronto podamos discutir este y otros asuntos. Estaré en Frankfurt por algunos días a mediados de marzo. Espero poder reunirme contigo entonces, así que no entraré en mayor detalle por aquí. Para cerrar, déjeme especificarle algunos de los libros listados en Büchereinlauf que estaría interesado en reseñar: Hamann, Die Überseele – Grundzüge einer Morphologie der deutschen Literaturgeschichte; Larissa Reissner, Oktober (ambos listados en el no. 6); el Doppelroman der berliner Romantik, editado por Helmut Rogge (en el n.º 7); y por último el Die Sprache Ihr Begriff und ihre Deutung im XVI und XVII. Jahrhundert de Paul Hankamer[187], que está anunciado en el n.º8 y debería salir en algunos días. Ya que esto es muy cercano a mi área de trabajo, es importante para mí y apreciaría especialmente la oportunidad de reseñarlo. Por favor hágame saber de usted. Si llegara a ver a Ernst Bloch, por favor, ¿podría informarle que me devolvieron las dos cartas que le escribí desde Moscú y que estoy ansioso por tener su dirección y saber de él?