Diario de Moscu
Diario de Moscu Da la impresión de ser una persona muy tranquila, pero, al mismo tiempo, al verlo uno tiene la sensación de estar frente a esa actitud taciturna del fundamentalista. Le hizo a Reich una serie de preguntas sobre mÃ. Enfrente, sobre la cama, habÃa dos personas sentadas. El que llevaba una túnica negra era joven y buen mozo. Allà sólo se congregaban representantes de la oposición literaria que habÃan ido a pasar con Lelevich la última hora antes de su partida: lo iban a deportar. Al principio, el destino era Novosibirsk. «Usted no necesita una ciudad, cuyo cÃrculo de influencia es, al fin y al cabo, limitado. Usted necesita una provincia entera», le habÃan dicho. Pero luego consiguió disuadirlos y ahora lo estaban enviando para que esté «a disposición del Partido» a Saratov, que está ubicada a veinticuatro horas de Moscú; sin que él supiera todavÃa qué tareas le tenÃan previstas, si se desempeñarÃa como editor, como corredor de una cooperativa estatal o haciendo cualquier otra cosa. Durante la mayor parte de nuestra estadÃa, su esposa se dedicó a recibir a las visitas en la habitación contigua. Ella es una persona de expresión sumamente enérgica, a la vez que armónica, de estatura pequeña y exponente del tipo ruso meridional. Lo va a acompañar los primeros tres dÃas. Lelevich posee el optimismo del fanático: lamenta no poder escuchar el discurso que habrá de pronunciar Trotsky al dÃa siguiente ante la Komintern en favor de Zinoviev; piensa que el Partido se encuentra próximo a dar un giro en su rumbo[25]. Al despedirnos en el pasillo le pedà a Reich que le brindara algunas palabras de aliento de parte mÃa. Luego fuimos a ver a Asja. Puede que el juego de dominó que mencioné en realidad haya sido este dÃa. Llegando la noche, Reich y Asja tuvieron la intención de venir a visitarme, pero finalmente Asja vino sola. Le tenÃa preparados algunos regalos: una blusa, unas medias. Conversamos, y me di cuenta de que ella es capaz de recordar cualquier detalle que nos involucre a ambos. (Esa tarde, ella me habÃa dicho que pensaba que yo en realidad estaba bien, que no era cierto que me encontrara en medio de una crisis personal). Antes de que se fuera, le leà una parte de Calle de sentido único que habla sobre las arrugas[26]. Después, la ayudé a ponerse las botas. Ya me encontraba dormido cuando se apersonó Reich en mi cuarto, a la medianoche, para darme noticias tranquilizadoras y que las compartiera con Asja la mañana siguiente. Le habÃa surgido una posibilidad de mudarse. Reich compartÃa habitación con un loco, lo cual complicaba aún más la ya difÃcil empresa de tener un alojamiento digno.