Diario de Moscu
Diario de Moscu A menudo aparece gente haciendo cola frente a tiendas estatales: buscan manteca y otros artículos de importancia. Hay una cantidad inmensa de negocios, y una mayor cantidad de vendedores cuyo inventario apenas consta de un cajón de manzanas, mandarinas o maníes. Para proteger la mercancía del frío, la cubren con un paño de lana y dejan por fuera dos o tres ejemplares de muestra. Abundan los panes y otros productos horneados: panecillos de todos los tamaños posibles, pretzels y, en las confiterías, deliciosas tartas. Hay magníficos diseños hechos a base de azúcar caramelizada. Ayer por la tarde fuimos con Asja a una confitería. Allí ofrecen copas de crema batida como parte de su menú. Asja se pidió una copa con merengue y yo me tomé un café. Nos sentamos en una pequeña mesa en medio del salón, uno frente al otro. Asja recordó mis intenciones de escribir un artículo crítico sobre psicología, y me encontré constatando una vez más lo mucho que depende mi capacidad de abordar asuntos como ese de mi grado de contacto con ella. A pesar de lo esperado, no pudimos extender nuestro tiempo allí por mucho más de una hora. Si bien no me fui del sanatorio a las cuatro, sí lo hice a las cinco. Reich quería que lo esperáramos, pero no sabía con seguridad si tenía una reunión a esa hora o no.