Diario de Moscu
Diario de Moscu Finalmente, nos fuimos. Observamos las vidrieras de la calle Petrovka. Me llamó poderosamente la atención una fabulosa tienda de artículos de madera. En ella, y a pedido mío, Asja me compró una pipa muy pequeña. Decidí que volvería otro día para comprarles juguetes a Stefan y a Daga[31]. Tienen mamushkas, y animales tallados en una madera muy suave. En otra vidriera podían verse encajes rusos y paños bordados en los que, según me dijo Asja, las campesinas reproducen las rosetas de escarcha de las ventanas. Aquella fue nuestra segunda caminata en el día, ya que Asja también había pasado a buscarme por la mañana. Después de escribirle a Daga, y dado que el día estaba agradable, dimos un paseo por Tverskaya. En el camino de regreso, paramos en una tienda donde vendían velas de navidad, y Asja hizo un comentario sobre las mismas. Más tarde, me fui con Reich al Kameneva. Finalmente me otorgaron el descuento en la tarifa del hotel. Querían que los acompañara a la noche a ver El cemento[32], pero Reich creyó que era mejor idea presenciar una obra en lo de Granovsky. Asja tenía ganas de ir al teatro, pero a Reich le parecía que El cemento podía desestabilizar sus emociones. De todas formas, y pese a que toda la salida estaba ya arreglada, Asja no se sentía muy bien y terminé yendo solo; Asja y Reich se quedaron en mi cuarto. Eran tres piezas de un solo acto, las dos primeras no eran dignas de mención, y la tercera consistía de una asamblea de rabinos, una especie de comedia musical sobre melodías judías. Este último acto parecía superior a los demás, pero me fue tan imposible seguirle el ritmo, exhausto como me encontraba por mi ajetreado día y por las constantes interrupciones de la performance, que me quedé dormido durante varios pasajes de la obra. Aquella noche Reich durmió en mi habitación. Mi pelo está muy eléctrico en esta ciudad.