Diario de Moscu
Diario de Moscu No vi a Asja en todo el dÃa. La situación en el sanatorio es cada vez más delicada. Anoche la dejaron salir sólo después de arduas negociaciones y esta mañana no pasó a buscarme por el hotel como habÃamos quedado. Estaba en nuestros planes la compra de material para su vestido. Apenas llevo una semana en Moscú y ya me tuve que enfrentar a lo difÃcil que resulta poder verla, y es aun más difÃcil la posibilidad de verla a solas. Ayer por la mañana irrumpió en mi habitación, agitada, y, como es habitual, más insoportable que molesta, como aterrorizada por tener que pasar un minuto en mi habitación. La acompañé a la sede de una comisión a la cual habÃa sido citada. Compartà con ella las noticias que habÃa recibido la noche anterior: Reich tenÃa altas chances de ser convocado como crÃtico de teatro de una publicación muy importante. Cruzamos Sadovaya. Yo hablé realmente poco, ella contó, muy efusiva, sobre su trabajo con los chicos del hogar de niños. Escuché por segunda vez la historia dos chicos que estaban a su cargo en la que uno golpeó en la cabeza al otro. Curiosamente, necesité de esta segunda oportunidad para comprender una historia más bien simple (que pudo haber tenido graves consecuencias para Asja, pero afortunadamente los doctores estaban convencidos de que el menor se encontrarÃa a salvo). Esto es algo que me sucede muy seguido: la miro de una forma tan intensa, que apenas oigo lo que dice. Ella se explayó con su idea de dividir a los niños en grupos, porque es prácticamente imposible entretener a los más bravos —a los que ella llama «los más dotados»— cuando se encuentran todos juntos. Con las cosas que deslumbran a los chicos normales, ellos se aburren fácilmente. Y es también muy evidente que Asja, ella también lo afirma, tiene más asidero con los más revoltosos. Asja también habló de lo que estaba escribiendo: tres artÃculos para un periódico comunista de Letonia que se publica en Moscú.
