Diario de Moscu
Diario de Moscu También hay hombres cuyas canastas están repletas de juguetes de madera: coches y palas de madera. Los coches son rojos y amarillos; las palas, en cambio, alternan entre un color y otro. Otros comerciantes deambulan cargando sobre sus hombros las veletas que ofrecen. Las terminaciones de todos estos artÃculos son mucho más sencillas y más sólidas que en Alemania, y su origen rústico es bien visible. Vi a una mujer que en una esquina vendÃa adornos navideños. Bolas de cristal, rojas y amarillas, que resplandecÃan bajo el sol. ParecÃa un canasto de manzanas encantadas, con cada una de las frutas salpicada por diferentes tonalidades de rojos y amarillos. La relación entre la madera y el color es más estrecha aquà que en cualquier otra parte. Esto se deja ver tanto en los juguetes más rústicos como en los más sofisticados. Algunos mongoles suelen merodear los muros de Kitay-gorod[35]. Probablemente, ni el invierno mongol sea menos crudo que el de aquÃ, ni sus andrajosos abrigos de piel sean peores que los de los moscovitas. Aun asÃ, ellos son los únicos por los que uno logra apenarse ante las condiciones climáticas adversas. Separados unos de otros por menos de cinco pasos, venden maletines de cuero; todos ofrecen exactamente los mismos maletines. Seguramente exista algún tipo de pacto al respecto, ya que es difÃcil pensar que se prestan a participar seriamente de una competencia tan estéril. AquÃ, tal como sucede en Riga, los carteles de los negocios están pintados en un estilo primitivo muy atractivo, son varios los motivos: zapatos que caen de un canasto, un perro Pomerania que huye con una sandalia en su boca. Frente a una casa de comida turca dos carteles colgantes muestran a unos comensales que llevan su tarbush con el sÃmbolo de la media luna creciente estampado en él. No miente Asja al decir que en todos lados, incluso en las publicidades, la gente prefiere verse representada a través de una acción real, concreta. Por la noche fuimos con Reich a lo de Illés[36]. Más tarde se nos unió el director del Teatro de la Revolución[37], lugar en el cual el 30 de diciembre se va a estrenar una obra de Illés. Este director es un antiguo general del Ejército Rojo que tuvo un rol fundamental en el aniquilamiento de Wrangel[38], obteniendo en dos oportunidades la orden del dÃa del ejército de Trotsky. Más tarde cometió una estupidez que frenó su carrera polÃtica, y fue gracias a sus antecedentes como hombre de letras que le otorgaron la dirección del teatro, un puesto que de todas maneras no requiere demasiado esfuerzo. Parece ser bastante tonto. La conversación no fue de lo más animada. Además, tomé el consejo que me habÃa dado Reich, fui precavido con mis palabras. Uno de los temas de conversación fue la teorÃa del arte de Plekhanov[39]. La habitación de Illes tenÃa unos pocos muebles, entre los cuales destacaban una desvencijada cama infantil y una bañera. Su hijo estaba todavÃa levantado cuando llegamos, cuando lo mandaron a dormir dio un gran berrinche y, en efecto, no se dormirÃa en todo el lapso que duró nuestra visita.