Diario de Moscu

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Asja lo quería. Yo le dije: «Si te lo compro, tendré que marcharme inmediatamente». Pero me hizo prometerle que algún día, más adelante, le haría un gran regalo que pudiera conservar toda la vida. Al Gosbank se llega desde la Petrovka a través de un pasaje en el que hay un negocio que vende antigüedades a comisión. En la vidriera había un armario estilo Imperio fascinante. Avanzando por el pasaje podía verse cómo empaquetaban, o desempaquetaban, porcelana junto a unas estanterías de madera. Mientras regresábamos a la parada del autobús, unos minutos muy buenos. A continuación, mi audiencia con el Instituto Kameneva. Por la tarde, deambulé por la ciudad: no pude ir a ver a Asja. Ella estaba con Knorin[42], un comunista letón muy importante, miembro de la junta superior de censores. Esta tarde, lo mismo: mientras escribo esto, ella está con Reich. Mi tarde termina con una taza da café en la cafetería francesa de la calle Stolechnikov. Acerca de la ciudad: la Iglesia Bizantina no parece haber desarrollado un estilo de ventana propio. Dan una sensación como de magia, aunque también algo inquietante; las ventanas de las torres y los salones de las iglesias, profanas y austeras, dan a la calle y pareciera que mostraran ambientes habitados. En la iglesia, el sacerdote ortodoxo vive como un monje budista en su pagoda. La planta inferior de la Catedral de San Basilio bien podría pasar fácilmente como la mansión de un boyardo. Pero las cruces, colgando del techo de las cúpulas, parecen a veces pendientes gigantes que están pegados al cielo.


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