Diario de Moscu
Diario de Moscu En la ciudad, pobre y venida a menos como está, hay un lujo que se mantiene como el sarro lo hace en una boca herida: la chocolaterÃa de N. Kraft, una elegante boutique ubicada en la calle Petrovka, en la que enormes jarrones de porcelana, frÃos y espantosos, se mezclan con abrigos de piel. La mendicidad no es tan agresiva como en el sur, donde la insistencia del vagabundo al menos implica un dejo de vitalidad. Aquà constituyen una corporación de moribundos. Las esquinas, especialmente aquellas en las cuales los extranjeros hacen sus negocios, están atestadas de harapos que funcionan de cama para los mendigos y hacen de Moscú una guardia de enfermerÃa al aire libre. La limosna se organiza de otro modo cuando se trata de tranvÃas. Ciertas lÃneas circulares tienen largas detenciones durante el trayecto. En esos momentos los mendigos se suben al tranvÃa, o bien un niño se sitúa en un rincón del coche y empieza a cantar. Luego colecta kopeks. Es muy raro que la gente les dé algo. La mendicidad perdió su base más sólida: la conciencia colectiva culposa que abre más fácil los bolsillos que la compasión.