Diario de Moscu
Diario de Moscu Rusia empieza a ponerse en forma para el hombre del pueblo. Se anuncia una gran película propagandística: La sexta parte del mundo[77]. En la calle, sobre la nieve, hay mapas de la URSS apilados por los vendedores ambulantes, que los ofrecen al público. Meyerhold utiliza un mapa en Dayosh-Europa[78] en el cual Occidente aparece representado como un sistema complejo de pequeñas penínsulas rusas. Este mapa está tan cerca de convertirse en el centro de la nueva iconografía rusa como los retratos de Lenin. Mientras tanto, las iglesias continúan con su antigua práctica. Este día entré durante mi paseo en la iglesia de Nuestra Señora de Kazán, de la que Asja me había dicho era una de sus favoritas. Se encuentra en una esquina de la Plaza Roja. Primero se entra en una amplia antesala con algunas imágenes de santos. Parece estar fundamentalmente al servicio de una mujer que cuida la iglesia. Es un lugar sombrío; su penumbra invita a realizar conspiraciones. En estas salas se pueden pergeñar los acuerdos más sombríos, incluso pogromos, si se diera la ocasión. Pegado a ella se encuentra el lugar para el culto propiamente dicho. Al fondo hay unos escaloncitos para subir al estrado, estrecho y bajo, sobre el que uno se desplaza pasando las imágenes de los santos. Los altares se suceden a muy corta distancia unos de otros, cada uno de ellos señalados por la tenue luz de una lamparita roja. Las superficies laterales están ocupadas por enormes imágenes de santos. Todas las zonas de pared no ocupadas por tales imágenes aparecen recubiertas de oro brillante. Una araña de cristal pende del techo, pintado en un estilo que empalaga. Contemplé las ceremonias desde una silla cercana a la entrada. Se trata de las propias del antiguo culto a las imágenes. A las imágenes grandes se les saluda haciendo la señal de la cruz, seguida de una genuflexión en la que la frente ha de rozar el suelo, y, persignándose de nuevo, el orante, o penitente, se dirige a la siguiente. Ante las imágenes pequeñas, que están dispuestas bajo un cristal, solas o en hilera, se suprime la genuflexión; hay que inclinarse hacia ellas y besar el cristal. Me acerqué a ella y vi que, al lado de estas piezas antiguas de un valor incalculable, y sobre el mismo atril, había también cantidades industriales de cromolitografías sin ningún valor. Moscú tiene muchas más iglesias de lo que uno cree inicialmente. El europeo occidental las localiza por sus torres, que se elevan sobre el horizonte. Requiere cierta práctica asociar los largos muros con un montón de pequeñas cúpulas para hacerse la idea de que uno está frente a grandes complejos de monasterios o capillas. Y es entonces cuando uno comprende por qué, en algunos lugares, Moscú se parece tanto a una fortaleza: las torres bajas son en Occidente características esenciales de la arquitectura secular. Venía de la oficina postal, había enviado un telegrama y luego dado un largo paseo por el Museo Politécnico[79], donde busqué sin éxito una exposición de dibujos realizados por enfermos mentales. Me desquité con un paseo a lo largo de los puestos que están junto al muro de Kitay-Gorod. Este es el centro del mercado de libros usados. Resultaría infructuoso tratar de encontrar algún hallazgo relacionado con literatura no rusa. También es muy raro encontrar ediciones antiguas en ruso (si nos guiamos por la encuadernación). Y todo esto a pesar de que en el transcurso de los últimos años han debido de vaciarse inmensas bibliotecas. ¿Habrá sido sólo en Leningrado y no en Moscú, donde no era tan común que existiesen? En uno de los puestos del Kitaiski-Proezd (Barrio chino) compré una armónica para Stefan. Algo más acerca de la venta ambulante. Los artículos navideños (espumillón, velas, candelabros, adornos para el árbol, mismo árboles de Navidad) se siguen vendiendo incluso después del 24 de diciembre. Creo que los venden hasta la segunda festividad religiosa navideña. Relación de precios entre los puestos callejeros y las tiendas estatales. Compré las ediciones del Berliner Tageblatt del 20 de noviembre y del 8 de diciembre. En el Kusnetski-Most hay un chico que se dedica a golpear vasijas de arcilla, platos y cuencos diminutos, unos contra otros, para demostrar su solidez. En Okhotni Riad, una curiosa aparición: mujeres que ofrecen a los transeúntes trozos de carne cruda, o pollo, o cosas por el estilo sobre una capa de paja, en la palma de sus manos. Son vendedoras sin licencia. No tienen el dinero para pagar la concesión de un puesto, ni tiempo para la cola que hay hacer para alquilar uno. Si se acerca un miliciano, se limitan a salir corriendo de allí con su mercancía. De la tarde, ya no recuerdo nada. Por la noche, con Reich, fuimos a ver una película muy mala (en la que actuaba Ilynsky[80]), no muy lejos de mi hotel.
