Diario de Moscu
Diario de Moscu Por la mañana, me pasó a buscar Reich. Recorrido: Petrovka (para registrar mi visita en la policía), luego fuimos al Instituto Kameneva[7] (para gestionar un asiento de 1,5 rublos en el Instituto de Cultura. También hablé allí con su representante alemán, un auténtico imbécil). Después tomamos la calle Herzen rumbo al Kremlin para pasar por el Mausoleo de Lenin, completamente venido abajo, y para tener una vista panorámica de la catedral de San Isaac. Regresamos por Tverskaya, tomamos el Boulevard Tverskoi rumbo a Dom Herzena[8], sede de la Asociación Soviética de Escritores Proletarios, la VAPP[9]. Buena comida, que apenas pude disfrutar a causa del esfuerzo que había representado esa caminata en el frío. Me presentaron a Kogan[10], quien me habló largamente de su gramática rumana y de su diccionario ruso-rumano. Las historias que contó Reich, que en nuestras largas caminatas suelen terminar cansándome, sonaron ahora infinitamente vivaces, repletas de anécdotas y detalles, clarísimas y entretenidas. Contó una sobre un burócrata del Palacio de Hacienda que en sus vacaciones de Pascua dio misa, oficiando de Papa. Y luego otra sobre la modista condenada a prisión por matar a su esposo alcohólico; otra sobre el hooligan que atacó a una pareja de estudiantes en plena calle. Y también otra sobre cuando Stanislavski quiso llevar a escena una obra sobre la Guardia Blanca[11]: de cómo ésta llega a manos de la censura, donde apenas uno de los censores toma nota de ella y la devuelve con algunas modificaciones sugeridas. Meses después, luego de hacer las modificaciones necesarias, Stanislavski hace una función especial para los censores que deviene en la prohibición de la obra. Stanislavski va a ver a Stalin: le dice que está arruinado, pues ha invertido en la obra todo su capital.
