Diario de Moscu

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Tuvimos una breve parada en el hotel y luego fuimos a tomar el té a una confitería que quedaba cerca del sanatorio[3]. Allí la puse al día acerca de Brecht[4] y luego Asja, que se había escabullido del sanatorio durante la hora de descanso, decidió regresar por una puerta lateral para evitar ser vista, mientras Reich y yo ingresamos por las escaleras principales. Allí, por segunda vez, accedimos a la costumbre local de sacarse las botas. La primera había sido en el hotel, pese a que solamente pasamos para que nos recibieran el equipaje y nos prometieran una habitación para la noche. La compañera de habitación de Asja, una robusta obrera textil, no se encontraba allí, y la vería por primera vez el día siguiente. Ahí estábamos, juntos y solos durante unos minutos bajo el mismo techo por primera vez. Asja me miró muy afectuosamente e hizo alusión a aquella decisiva conversación que tuvimos en Riga. Después Reich me acompañó de regreso al hotel, donde comimos algo en mi habitación para luego ir al teatro Meyerhold[5], donde veríamos el primer ensayo general de El revisor[6]. A pesar de los esfuerzos de Asja, no pude conseguir un ticket. Así que deambulé por Tverskaya en dirección al Kremlin durante media hora, y otro tanto de regreso, leyendo atentamente los carteles de los negocios mientras caminaba con cuidado sobre la vereda congelada. Luego, muy cansado, e imaginablemente triste, volví a mi habitación.


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