Diario de Moscu

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16 de enero

Organicé mi partida para el viernes 21. El hecho de que el final de mi estadía se estaba acercando hizo que mi día se volviera bastante extenuante. Había muchas cosas que tenía que arreglar en poco tiempo. Tenía dos cosas planeadas para el domingo. No sólo me encontraría con Gnedin alrededor de la una en el Teatro Proletkult[126], sino que primero iría al Museo de Pintura e Iconografía (Ostrukhov[127]). El segundo plan finalmente salió bien, pero el primero no. Hacía mucho frío otra vez y una gruesa capa de hielo había cubierto las ventanas del tranvía. Me pasé muy lejos de la parada en la que me tendría que haber bajado. Y de vuelta, lo mismo. Por suerte, resultó que había un guardia en el museo que hablaba alemán y me mostró toda la colección. Sólo dediqué pocos minutos hasta el final del piso, donde estaban las pinturas rusas de fines del último siglo y principios de este. Hice bien en ir directamente hacia el piso de arriba para ver la colección de íconos, que estaba situada en una habitación encantadora y brillante, en el segundo piso de esta casa baja. El dueño de esta colección sigue vivo. La Revolución dejó este museo intacto. Si bien fue obviamente expropiado, el director de la colección lo mantuvo. Este Ostrukhov es un pintor e hizo su primera adquisición hace cuarenta años. Era un multimillonario, viajaba alrededor del mundo, hasta que finalmente decidió comenzar a coleccionar viejas esculturas de madera rusas, cerca del tiempo en que estalló la guerra. El ítem más antiguo de esta colección, un portarretratos bizantino de un santo pintado con colores de cera en una tabla de madera, data del siglo VI. La mayor parte de estas pinturas datan del siglo XV al XVI. Siguiendo las indicaciones de mi guía, me di cuenta de las diferencias principales entre las escuelas de Stroganov y Nóvgorod y de un número de asuntos iconográficos. Por primera vez advertí la alegoría de la derrota de la muerte al pie de la cruz, que se repite tan frecuentemente en estos íconos. Contra un fondo negro (como si estuviera reflejado en una piscina sucia), la cabeza de la muerte. Algunos días después en la colección de íconos del Museo de Historia, vería descripciones que eran bastante extraordinarias, desde un punto iconográfico. Por ejemplo, una naturaleza muerta de los instrumentos de martirio. Y sobre el altar alrededor del cual estos están agrupados, el Espíritu Santo se mueve en forma de paloma sobre una tela pintada de un rosado espléndido. Luego, dos figuras grotescas, aterradoras, al lado de Cristo: claramente los ladrones fueron designados para entrar al paraíso. Otra descripción que se repite frecuentemente —tres ángeles comiendo con la masacre de un cordero inevitablemente en primer plano, reducido en escala y al mismo tiempo cargado emblemáticamente— seguía siendo poco clara para mí. El asunto de las pinturas legendarias, claramente me eluden por completo. Cuando finalmente volví al primer piso desde el tenebroso piso superior, vi que habían encendido un fuego y el pequeño grupo de empleados estaba sentado su alrededor. Me hubiese encantado quedarme, pero tenía que salir al frío. El último trecho, desde la oficina telegráfica —estaba allí donde me había bajado— hasta el Teatro Proletkult, fue horrible. Luego me quedé en el lobby una hora. Esperé en vano. Algunos días después me enteré de que Gnedin me había estado esperando en el mismo lugar. Es casi imposible explicar cómo sucedió esto. Es concebible que por lo exhausto que estaba, sumado a mi poca habilidad para recordar caras, no lo haya reconocido con su saco y su gorra. Pero que le haya pasado lo mismo a él, suena poco probable. Me fui de vuelta a casa. Al principio quería comer algo en nuestra taberna, pero me pasé de la estación y estaba tan cansado que preferí no almorzar para no tener que caminar hasta allí. Pero en la Plaza Triumfalnaia tomé coraje y abrí la puerta de una stolovaia (cafetería) que no conocía. Parecía bastante cálida y la comida que pedí no estaba mal, aunque el borscht claramente no se comparaba con el que comía normalmente los domingos. Así encontré el tiempo para tomarme un gran descanso antes de visitar a Asja. Cuando me contó, inmediatamente después de haber entrado a su habitación, que Reich estaba enfermo, apenas me sorprendió. Él no se había quedado en mi casa la noche anterior, se había ido a la habitación del compañero de Asja en el sanatorio. Ahora estaba postrado en la cama y Asja se fue con Manya[128] a visitarlo. Las dejé en la puerta del sanatorio. A esta altura, Asja me preguntó qué tenía planeado hacer a la noche. «Nada», le dije. «Me quedo en casa». No me respondió. Me fui a lo de Basseches. No estaba ahí, dejó una nota pidiéndome que lo esperara. Me vino bien, me senté en el sillón con mi espalda hacia la estufa, me serví un té y hojeé sus revistas alemanas. Llegó una hora después. Cuando me pidió que pasara la noche allí, evalué el asunto con bastantes nervios. Por un lado, ya que estaba esperando otras personas, me daba curiosidad qué traería la noche. Adicionalmente, Bassaches estaba en proceso de darme información útil sobre películas rusas. Y por último, pero no menos importante, quería cenar. (Esta expectativa no se cumplió). Era imposible decirle a Asja por teléfono que estaba en lo de Basseches. Nadie contestaba en el sanatorio. Al final me fui: tenía miedo de llegar demasiado tarde y que no supiera si de hecho Asja me visitaría o no. El día siguiente me dijo que ésas eran sus intenciones. Pero, de todos modos, recibió la nota a tiempo. Decía: «Querida Asja, esta noche me quedo en lo de Basseches. Pasaré mañana a las cuatro en punto. Walter». Originalmente escribí «noche» y «esta» (abends bei) como una única palabra, y luego puse una línea diagonal que dividía las dos. Por esto, lo primero que leyó Asja fue «Estoy libre esta noche» (abends frei). Más tarde llegó el Dr. Kroneker; él trabaja aquí como el representante austríaco de la firma ruso-austríaca. Basseches me dijo que era un socialdemócrata. Me dio la impresión de ser muy inteligente, había viajado mucho e iba al grano. Durante la conversación, llegamos al tema de la guerra del gas. Hice varios comentarios que los impresionaron a ambos.


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