Diario de Moscu
Diario de Moscu Organicé mi partida para el viernes 21. El hecho de que el final de mi estadÃa se estaba acercando hizo que mi dÃa se volviera bastante extenuante. HabÃa muchas cosas que tenÃa que arreglar en poco tiempo. TenÃa dos cosas planeadas para el domingo. No sólo me encontrarÃa con Gnedin alrededor de la una en el Teatro Proletkult[126], sino que primero irÃa al Museo de Pintura e IconografÃa (Ostrukhov[127]). El segundo plan finalmente salió bien, pero el primero no. HacÃa mucho frÃo otra vez y una gruesa capa de hielo habÃa cubierto las ventanas del tranvÃa. Me pasé muy lejos de la parada en la que me tendrÃa que haber bajado. Y de vuelta, lo mismo. Por suerte, resultó que habÃa un guardia en el museo que hablaba alemán y me mostró toda la colección. Sólo dediqué pocos minutos hasta el final del piso, donde estaban las pinturas rusas de fines del último siglo y principios de este. Hice bien en ir directamente hacia el piso de arriba para ver la colección de Ãconos, que estaba situada en una habitación encantadora y brillante, en el segundo piso de esta casa baja. El dueño de esta colección sigue vivo. La Revolución dejó este museo intacto. Si bien fue obviamente expropiado, el director de la colección lo mantuvo. Este Ostrukhov es un pintor e hizo su primera adquisición hace cuarenta años. Era un multimillonario, viajaba alrededor del mundo, hasta que finalmente decidió comenzar a coleccionar viejas esculturas de madera rusas, cerca del tiempo en que estalló la guerra. El Ãtem más antiguo de esta colección, un portarretratos bizantino de un santo pintado con colores de cera en una tabla de madera, data del siglo VI. La mayor parte de estas pinturas datan del siglo XV al XVI. Siguiendo las indicaciones de mi guÃa, me di cuenta de las diferencias principales entre las escuelas de Stroganov y Nóvgorod y de un número de asuntos iconográficos. Por primera vez advertà la alegorÃa de la derrota de la muerte al pie de la cruz, que se repite tan frecuentemente en estos Ãconos. Contra un fondo negro (como si estuviera reflejado en una piscina sucia), la cabeza de la muerte. Algunos dÃas después en la colección de Ãconos del Museo de Historia, verÃa descripciones que eran bastante extraordinarias, desde un punto iconográfico. Por ejemplo, una naturaleza muerta de los instrumentos de martirio. Y sobre el altar alrededor del cual estos están agrupados, el EspÃritu Santo se mueve en forma de paloma sobre una tela pintada de un rosado espléndido. Luego, dos figuras grotescas, aterradoras, al lado de Cristo: claramente los ladrones fueron designados para entrar al paraÃso. Otra descripción que se repite frecuentemente —tres ángeles comiendo con la masacre de un cordero inevitablemente en primer plano, reducido en escala y al mismo tiempo cargado emblemáticamente— seguÃa siendo poco clara para mÃ. El asunto de las pinturas legendarias, claramente me eluden por completo. Cuando finalmente volvà al primer piso desde el tenebroso piso superior, vi que habÃan encendido un fuego y el pequeño grupo de empleados estaba sentado su alrededor. Me hubiese encantado quedarme, pero tenÃa que salir al frÃo. El último trecho, desde la oficina telegráfica —estaba allà donde me habÃa bajado— hasta el Teatro Proletkult, fue horrible. Luego me quedé en el lobby una hora. Esperé en vano. Algunos dÃas después me enteré de que Gnedin me habÃa estado esperando en el mismo lugar. Es casi imposible explicar cómo sucedió esto. Es concebible que por lo exhausto que estaba, sumado a mi poca habilidad para recordar caras, no lo haya reconocido con su saco y su gorra. Pero que le haya pasado lo mismo a él, suena poco probable. Me fui de vuelta a casa. Al principio querÃa comer algo en nuestra taberna, pero me pasé de la estación y estaba tan cansado que preferà no almorzar para no tener que caminar hasta allÃ. Pero en la Plaza Triumfalnaia tomé coraje y abrà la puerta de una stolovaia (cafeterÃa) que no conocÃa. ParecÃa bastante cálida y la comida que pedà no estaba mal, aunque el borscht claramente no se comparaba con el que comÃa normalmente los domingos. Asà encontré el tiempo para tomarme un gran descanso antes de visitar a Asja. Cuando me contó, inmediatamente después de haber entrado a su habitación, que Reich estaba enfermo, apenas me sorprendió. Él no se habÃa quedado en mi casa la noche anterior, se habÃa ido a la habitación del compañero de Asja en el sanatorio. Ahora estaba postrado en la cama y Asja se fue con Manya[128] a visitarlo. Las dejé en la puerta del sanatorio. A esta altura, Asja me preguntó qué tenÃa planeado hacer a la noche. «Nada», le dije. «Me quedo en casa». No me respondió. Me fui a lo de Basseches. No estaba ahÃ, dejó una nota pidiéndome que lo esperara. Me vino bien, me senté en el sillón con mi espalda hacia la estufa, me servà un té y hojeé sus revistas alemanas. Llegó una hora después. Cuando me pidió que pasara la noche allÃ, evalué el asunto con bastantes nervios. Por un lado, ya que estaba esperando otras personas, me daba curiosidad qué traerÃa la noche. Adicionalmente, Bassaches estaba en proceso de darme información útil sobre pelÃculas rusas. Y por último, pero no menos importante, querÃa cenar. (Esta expectativa no se cumplió). Era imposible decirle a Asja por teléfono que estaba en lo de Basseches. Nadie contestaba en el sanatorio. Al final me fui: tenÃa miedo de llegar demasiado tarde y que no supiera si de hecho Asja me visitarÃa o no. El dÃa siguiente me dijo que ésas eran sus intenciones. Pero, de todos modos, recibió la nota a tiempo. DecÃa: «Querida Asja, esta noche me quedo en lo de Basseches. Pasaré mañana a las cuatro en punto. Walter». Originalmente escribà «noche» y «esta» (abends bei) como una única palabra, y luego puse una lÃnea diagonal que dividÃa las dos. Por esto, lo primero que leyó Asja fue «Estoy libre esta noche» (abends frei). Más tarde llegó el Dr. Kroneker; él trabaja aquà como el representante austrÃaco de la firma ruso-austrÃaca. Basseches me dijo que era un socialdemócrata. Me dio la impresión de ser muy inteligente, habÃa viajado mucho e iba al grano. Durante la conversación, llegamos al tema de la guerra del gas. Hice varios comentarios que los impresionaron a ambos.
