Diario de Moscu

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El trayecto llegaba a su fin frente a una posada, en una de aquellas extensiones que no era urbana pero tampoco del todo rural, y por supuesto Rachlin no estaba ahí. De inmediato tomé otro tranvía para volver al centro, pero sólo tenía energías suficientes para regresar a mi casa en vez de aceptar la invitación a cenar. Comí algunos waffles locales en lugar del almuerzo. Apenas había entrado en mi habitación cuando Rachlin llamó. Yo estaba enojado con ella sin motivo y adopté una actitud algo defensiva, así que tuve una grata sorpresa cuando escuché sus palabras amistosas y tranquilizadoras. Sobre todo, ésto me indicó que su relato del incidente no me dejaría en ridículo frente a Asja. De todas formas, rehusé su invitación a cenar porque me sentía simplemente extenuado. Quedamos en que iría alrededor de las siete. Recibí la encantadora sorpresa de encontrarme a solas con ella y Asja. No recuerdo sobre qué hablamos. Lo único que permanece en mi memoria es que, antes de partir (Rachlin ya había salido de la habitación), Asja me mandó un beso con la mano. Después un vano intento por encontrar algo de comida caliente en un restaurante del Arbat. Quise pedir una sopa y me trajeron dos pequeñas fetas de queso.

Torre radial de Moscú.


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