Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I La caricatura es un arte de masas igual que el cuadro de costumbres. Este carácter, difamatorio, se añadió al sospechoso que ya tenía según la historia del arte al uso. No así para Fuchs; su verdadero fuerte lo constituyen sus atisbos de cosas despreciadas, apócrifas. El camino hacia ellas, del cual el marxismo apenas le indicó más que el comienzo, tuvo que abrirlo como coleccionista por sus propias fuerzas. Necesitó para conseguirlo una pasión rayana en lo maníaco que plasmó los rasgos de Fuchs. Para saber en qué sentido, lo mejor es recorrer en las litografías de Daumier la larga serie de amantes del arte y de marchantes, de admiradores de la pintura y de conocedores de la escultura. Se parecen a Fuchs hasta en la constitución somática. Son figuras disparadas hacia arriba, chupadas, cuyas miradas se les salen de los ojos como lenguas de llamas. No sin razón se ha dicho que en ellas concibió Daumier a los descendientes de los alquimistas, nigromantes y avaros que se encuentran en los cuadros de los maestros antiguos[99]. A esta raza pertenece Fuchs como coleccionista. E igual que el alquimista junta a su bajo deseo de hacer oro la escrutación de las sustancias químicas, en las que se reúnen los planetas y los elementos formando las imágenes del hombre espiritual, así emprendió nuestro coleccionista, al satisfacer su bajo deseo de posesión, la escrutación de un arte en cuyas creaciones concurren las fuerzas de producción y las masas para formar las imágenes del hombre histórico. Hasta en los libros más tardíos se rastrea la dedicación apasionada con la que Fuchs se ocupa de dichas imágenes. «No es la última gloria», escribe, «de los tragaluces chinos ser un arte popular anónimo. No hay una sola epopeya que dé testimonio de sus creadores[100]». Si esta consideración, dedicada al anonimato y a lo que haya conservado las huellas manuales, no contribuye a la humanización de la humanidad más que ese culto al caudillo, que parece que se le quiere imponer recientemente, es algo, como tantas otras cosas sobre las que la enseñanza del pasado ha sido inútil, que tendrá que volver a enseñar el futuro.