Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I Esta crÃtica del historicismo tiene su peso. La referencia a las ciencias naturales —«la ciencia por antonomasia»— abre sin embargo los ojos a la peligrosa problemática de la cuestión cultural. El prestigio de estas ciencias habÃa dominado el debate desde Bebel. Su obra capital, La mujer y el socialismo, alcanzó, en los treinta años que pasaron entre su aparición y la del trabajo de Korn, una tirada de doscientos mil ejemplares. Su valoración de las ciencias naturales no reside únicamente en la exactitud con que se calculan sus resultados, sino sobre todo en su aplicabilidad práctica[46]. De manera semejante operan más tarde en Engels, cuando cree refutar el fenomenalismo de Kant refiriéndose a la técnica, que por sus logros muestra que sà conocemos «las cosas en sû. La ciencia de la naturaleza, que en Korn se presenta como la ciencia por antonomasia, se presenta asà sobre todo en cuanto fundamento de la técnica. Pero resulta patente que ésta no es un hecho puramente cientÃfico-natural. Al mismo tiempo es un hecho histórico. Como tal, fuerza a revisar la separación positivista, antidialéctica, que se ha procurado establecer entre las ciencias naturales y las del espÃritu. Las cuestiones que la humanidad expone a la naturaleza están condicionadas por el estadio de su producción. Y este es el punto en el que fracasa el positivismo. En el desarrollo de la técnica ha podido percibir los progresos de las ciencias naturales, pero no los retrocesos de la sociedad. Pasó por alto que dicho desarrollo está decisivamente condicionado por el capitalismo. Y de igual modo se les escapó a los positivistas entre los teóricos socialdemócratas que ese desarrollo hacÃa cada vez más precario el acto, comprobado como urgente, con el que el proletariado debiera haber tomado posesión de esa técnica. No reconocieron el lado destructivo del desarrollo, porque eran extraños al lado destructivo de la dialéctica.