Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I Cobra aquí entonces vigencia toda una serie de representaciones conexionadas estrechamente con las doctrinas socialdemócratas de la época. Es notoria la honda repercusión del darwinismo sobre la concepción socialista de la historia. Dicha influencia fue, en tiempos de la persecución por parte de Bismarck, beneficiosa para la inquebrantable confianza del partido y para la resolución de su lucha. Más tarde, en el revisionismo, la consideración evolucionista de la historia carga tanto más las tintes en cuanto a la evolución cuanto menos estaba dispuesto el partido a jugarse lo que había logrado en su movilización contra el capitalismo. La historia adoptó rasgos deterministas; la victoria del partido «no podía fallar». Fuchs estuvo siempre lejos del revisionismo; su instinto político, su natural marcial le llevaron al ala izquierda. Pero como teórico no pudo evadirse de aquellas influencias. Las sentimos operantes por doquier. Un hombre como Ferri reducía entonces no sólo los principios, sino también la táctica de la socialdemocracia, a leyes naturales. De las desviaciones anarquistas hacía responsable a la deficiencia de conocimientos en geología y en biología. Cierto que jefes como Kautsky se las hubieron con semejantes desviaciones[66]. Y sin embargo muchos encontraron satisfacción en las tesis que separaban los procesos históricos en «fisiológicos» y «patológicos», y otros creían ver que en manos del proletariado el materialismo naturalista se elevaba «por su propia virtud» a materialismo histórico[67]. Análogamente se le presenta a Fuchs el progreso de la sociedad humana como un proceso «al que es tan difícil encauzar como difícil resulta detener un glaciar en su constante avance[68]». La concepción determinista se empareja por tanto con un optimismo firme. Sin confianza ninguna clase podrá a la larga intervenir políticamente con éxito. Pero es diferente que el optimismo valga para la capacidad de acción de la clase o concierna a las circunstancias bajo las cuales opera. La socialdemocracia propendía al segundo y cuestionable optimismo. Para los epígonos de fin de siglo estaba obstruida la perspectiva de la barbarie incipiente que deslumbró como un rayo al Engels de La situación de la clase trabajadora en Inglaterra y al Marx de la prognosis de la evolución capitalista, perspectiva hoy habitual incluso para el hombre político medio. Cuando Condorcet difundió la doctrina del progreso, la burguesía estaba a las puertas del poder; pero la situación del proletariado era distinta un siglo más tarde. Dicha doctrina podía despertar en él ilusiones. De hecho son éstas las que forman el fondo sobre el que por un lado y otro se abre la historia del arte en Fuchs. «El arte de hoy nos ha aportado cientos de realizaciones que van mucho más allá en todas las direcciones de lo que consiguió el arte renacentista; y el arte del futuro tiene necesariamente que significar lo más alto[69]».