Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I Así es como se impone la moral de clase. Pero lo hace de manera inconsciente. La burguesía no necesitó tanto de la consciencia para levantar esta moral como necesita de ella el proletariado para derribar a la burguesía. Fuchs no hace justicia a este hecho, porque cree que tiene que dirigir sus ataques contra la conciencia burguesa. Su ideología le parece un enredo. «El untuoso parloteo», escribe, «que, incluso frente a los más desvergonzados juicios de clase, desvaría respecto de la honradez subjetiva de quienes los formulan, no prueba sino la falta de carácter de los que hablan o escriben así; en el mejor de los casos prueba su cortedad[78]». Pero a Fuchs ni se le ocurre procesar al concepto mismo de bona fides (de la buena conciencia). Y sin embargo es algo que está al alcance del materialista histórico. No sólo porque reconoce en dicho concepto un soporte de la moral burguesa de clase, sino porque además no se le escapará que favorece la solidaridad del desorden moral con la falta de una planificación económica. Marxistas recientes han rozado, por lo menos a modo de sugerencia, este estado de la cuestión, Y así advierten respecto de la política de Lamartine, que éste hacía un uso excesivo de la bona fides: «La democracia… burguesa… necesita este valor. El demócrata… es sincero por profesión. Así es como se siente por encima de la necesidad de seguirle la pista a los hechos reales[79]».