Discursos interrumpidos I
Discursos interrumpidos I La reflexión, que orienta su punto de mira más hacia los intereses conscientes de los individuos que sobre el modo de comportamiento al que a menudo inconscientemente es impulsada su clase por su posición en el proceso de producción, esa reflexión lleva a una valoración excesiva del momento consciente en la formación de las ideologías. Resulta palpable en Fuchs, cuando éste explica: «El arte es en todas sus partes esenciales el enmascaramiento idealizado de la respectiva situación social. Porque hay una ley eterna… la de que toda situación política o social dominante urge idealizarse a sí misma para justificar así moralmente su existencia[80]». Nos estamos acercando a la médula del malentendido. Consiste en la opinión de que una falsa consciencia condiciona, por lo menos del lado de los explotados, la explotación, y sobre todo porque una consciencia recta sería para ellos una carga. Puede que esta proposición tenga una validez limitada en el presente, cuando la lucha de clases ha conseguido conmover con mucha fuerza toda la vida burguesa. En ningún caso es evidente la «mala conciencia» de los privilegiados en cuanto a las formas anteriores de la explotación. La cosificación no sólo hace opacas las relaciones entre los hombres; sino que además envuelve en niebla a los sujetos reales de dichas relaciones. Entre los que detentan el poder en la vida económica y los explotados se desliza todo un aparato de burocracias administrativas y jurídicas, cuyos miembros no son capaces de desempeñar funciones en cuanto sujetos morales plenamente responsables; su consciencia de la responsabilidad no es otra cosa que la expresión inconsciente de ese encanijamiento.