Cartas de amor
Cartas de amor A UNA DAMA PELIRROJA
SEÑORA,
Sé bien que vivimos en un país donde los sentimientos del vulgo resultan tan fuera de razón, que el color rojo sólo recibe desprecio[6] entre aquellos que honran las más hermosas cabelleras; pero también sé que estos estúpidos, que sólo se alimentan de la espuma de las almas razonables, no sabrían juzgar como es debido las cosas excelentes debido a la distancia que media entre la bajeza de su espíritu y lo sublime de las obras, y emiten su juicio sin conocerlas; pero, cualquiera que sea la opinión malsana de este monstruo de cien cabezas, permitidme que hable de vuestros divinos cabellos como hombre de ingenio que soy.
