La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Asà pues, la avaricia y la prodigalidad son igualmente necesarias para la sociedad. El que en algunos paÃses los hombres sean, en general, más pródigos que en otros, procede de las diferentes circunstancias que los inclinan a uno u otro vicio y que proviene de las condiciones del cuerpo social, asà como de la naturaleza del temperamento. Pido perdón al atento lector si aquÃ, en interés de los desmemoriados, repito algunas cosas que ya vieron en sustancia en la Observación [Q]. Más dinero que tierras, pesados impuestos y escasez de previsiones; falta de industria y laboriosidad; espÃritu activo y madrugador; temperamento avieso y melancólico; vejez, sabidurÃa, industria y riquezas adquiridas por el propio trabajo; libertad y propiedad garantizadas, son cosas todas que predisponen a la avaricia. Por el contrario, la indolencia, la satisfacción, un temperamento jovial y generoso, juventud, locura, el poder arbitrario, dinero fácilmente adquirido, provisiones en abundancia y la inseguridad de los bienes, son circunstancias que hacen al hombre inclinarse a la prodigalidad. Donde abunda más lo primero, prevalece la avaricia, y donde lo segundo pesa más en la balanza, la prodigalidad; pero jamás hubo ni habrá frugalidad nacional sin pobreza nacional.