La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Entre los hombres astutos, que conocen el poder que tiene la adulación sobre el orgullo, es corriente, cuando temen ser engañados, exagerar, aun contra su conciencia, el honor, el buen proceder e integridad de la familia, del país, a veces de la profesión a que suponen que se dedica aquél de quien sospechan, porque saben que los hombres, para poder tener el gusto de continuar apareciendo a los ojos de algunos como lo que saben que no son en realidad, pueden a menudo cambiar sus resoluciones y obrar contra sus inclinaciones; así hacen los moralistas sagaces: pintan a los hombres como con la esperanza de que el orgullo logre incitar, por lo menos a algunos, a imitar los bellos originales con que se les representa[269].