La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES El verdadero objeto del engreimiento o de la vanagloria es la opinión de los demás. Y el mayor deseo que pueda tener un hombre poseÃdo por dichas pasiones es ser objeto de la buena opinión, del aplauso y de la admiración del mundo entero, no sólo en el presente, sino también en los venideros siglos. Tal pasión está muy difundida, pero es increÃble cuán singulares y variados milagros se ejecutan y pueden ejecutarse por virtud de ella según las circunstancias e inclinaciones de las personas. En primer lugar, no hay peligro tan grande que no pueda ser despreciado y afrontado con ayuda del propio orgullo. No hay tampoco ningún género de muerte suficientemente terrible que no pueda un hombre resistir con la misma ayuda y, si es lo suficientemente fuerte, sobrellevar con entereza. En segundo término, no hay deberes hacia los demás o hacia nosotros mismos que Cicerón pueda haber descrito, ni hay ejemplos de benevolencia, de humanidad o de otras virtudes sociales, insinuados tal vez por lord Shaftesbury, que un hombre de buen sentido y juicio no pueda aprender a poner en práctica basándose en la vanagloria cuando ésta es suficientemente fuerte para sojuzgar y dominar todas las demás pasiones que puedan desbaratar o frustrar su propósito.
HORACIO ¿Tengo que admitir esto?
CLEÓMENES SÃ.
HORACIO ¿Cuándo?