La fábula de las abejas
La fábula de las abejas HORACIO SÃ, y creo que no está exenta de probabilidad, pues estoy convencido de que no hay ideas innatas[1] y de que los hombres llegan al mundo sin ningún conocimiento en absoluto. Por consiguiente, es evidente que todas las artes y ciencias han debido de tener alguna vez un comienzo en el cerebro de un hombre, por mucho que hayamos olvidado sus orÃgenes. Desde nuestra pasada entrevista he pensado veinte veces en el origen de los buenos modales y en el magnÃfico espectáculo que serÃa para un hombre tolerablemente bien versado en la vida mundana el ver en una nación inculta los primeros ensayos hechos por sus componentes para encubrirse mutuamente el orgullo.
CLEÓMENES Con ello puedes ver que es principalmente la novedad de las cosas lo que nos causa impresión, tanto si tenemos aversión a ellas como si las aprobamos. Puedes ver también que miramos con indiferencia muchas cosas cuando llegan a sernos familiares, aunque hayan sido en sus comienzos realmente sorprendentes. En estos momentos te preocupa una verdad que hace ocho dÃas hubieras dado cien guineas por no conocer.
HORACIO Empiezo a creer que ninguna cosa absurda nos parecerÃa ser tal si estuviéramos acostumbrados a ella desde la infancia.