La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES Como certeramente ha observado Locke, el pensamiento y el razonamiento requieren tiempo y práctica[19]. Los que no se han habituado a pensar sino en sus actuales urgencias, razonan muy deficientemente cuando intentan hacer algo más que esto. En lejanos paÃses, y especialmente en aquellos que están menos habitados, encontraremos miembros de nuestra especie más próximos al estado natural que los que puedan hallarse en las grandes ciudades o alrededores, aun en las más civilizadas naciones. Se puede comprobar la verdad de mi aserto entre la parte más ignorante de aquel pueblo, pues si se les habla acerca de cualquier cosa que requiera una abstracción de pensamiento, no habrá uno entre cincuenta que pueda comprender más que lo que harÃa un caballo. Sin embargo, muchos de ellos son trabajadores útiles y bastante astutos para mentir y engañar. El hombre es un ser racional, pero no está dotado de razón al venir al mundo ni puede luego vestirse inmediatamente con ella como si fuera una prenda cualquiera. El habla es, asimismo, una caracterÃstica de nuestra especie, pero nadie ha nacido con ella, y una docena de generaciones procedentes de dos salvajes no podrÃan producir ningún lenguaje tolerable[20], ni tenemos razón alguna para creer que podrÃa enseñarse a hablar a un hombre después de los veinticinco años si nunca hubiera oÃdo hablar a otros antes de esta época.