La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES Antes de responder a tu pregunta quisiera que consideraras que entre los salvajes debe de haber siempre una gran diferencia en cuanto a su brutalidad o mansedumbre. Todas las criaturas aman naturalmente a su progenie mientras está desvalida, y así hace también el hombre. Pero en el estado salvaje los seres humanos están más expuestos a los accidentes y desgracias en lo que se refiere a la crianza de la prole que cuando se encuentran en sociedad. Por consiguiente, los hijos de los salvajes deben cambiar con frecuencia de lugar hasta el punto de que, cuando son adultos, recuerdan difícilmente que han tenido padres. Si esto ocurre demasiado pronto y se extravían o pierden antes de llegar a los cuatro o cinco años de edad, forzosamente perecen, ya sea por falta de alimentos o por los ataques de los animales de presa, a menos que algún otro ser humano se ocupe de ellos. Estos huérfanos que sobreviven y se valen de sí mismos desde muy jóvenes han de ser, al llegar a la madurez, mucho más salvajes que los que han vivido muchos años bajo la protección de los padres.
HORACIO Pero, ¿no tendrá el hombre más salvaje que se pueda imaginar alguna idea natural de la justicia y de la injusticia?
CLEÓMENES Creo que un ser de esta índole consideraría naturalmente y sin pensarlo mucho que tiene derecho a todas las cosas de que pueda apoderarse.