La fábula de las abejas
La fábula de las abejas HORACIO No dudo que hay salvajes; y del gran número de esclavos que cada año se traen del África[9] resulta evidente que en algunos lugares deben de haber vastos enjambres de hombres que no han hecho todavía gran uso de su sociabilidad. Pero confieso que sobrepasa mi entendimiento derivarlos todos de los hijos de Noé.
CLEÓMENES Lo encontrarás tan difícil como explicar la pérdida de muchas artes refinadas y útiles invenciones de los antiguos que han existido con toda seguridad. Pero el error que encuentro en la descripción de sir William Temple radica en el carácter de su salvaje. El razonamiento y la ordenada conducta que le atribuye no son naturales en un hombre semejante. En tal individuo las pasiones deben de ser turbulentas y continuas. Ninguna persona en ese estado podría pensar de un modo regular o perseguir con firmeza cualquier designio.
HORACIO Tienes una extraña noción de nuestra especie. Pero, ¿no posee el hombre al llegar a la madurez algunas nociones naturales de lo que es justo e injusto?