La fábula de las abejas
La fábula de las abejas CLEÓMENES Una vez pareciste insinuar que el peligro en que los hombres se encontraban a causa de los animales salvajes cesarÃa tan pronto como estuvieran civilizados y vivieran en sociedades numerosas y bien organizadas. Mas por ello podrás ver que nuestra especie no estará nunca completamente libre de tal peligro, pues la humanidad estará siempre expuesta a verse reducida al estado salvaje. Si tal calamidad ha caÃdo sobre vastas multitudes que eran los indudables descendientes de Noé, ninguno de los más grandes prÃncipes sobre la tierra que tenga hijos podrá estar seguro de que el mismo desastre no afectará a ningún miembro de su posteridad. Los animales salvajes pueden aniquilarse enteramente en algunos paÃses debidamente cultivados, pero se multiplican en otros, hasta el punto de que muchos de ellos recorren actualmente y dominan muchos parajes de los cuales habÃan sido expulsados antes. Siempre creeré que todas las especies de seres vivientes que se hallan en la superficie del globo siguen existiendo como en los primeros tiempos, bajo el cuidado de la misma Providencia que consideró conveniente producirlos. Has tenido conmigo mucha paciencia, pero no quiero fatigarla más. El primer paso hacia la constitución de la sociedad, ahora que hemos encontrado su huella, es un buen lugar de descanso, de modo que por hoy lo dejaremos asÃ.