Amor entre espinas

(RESUMEN)

Amor entre espinas

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Primera Parte: Espinas en el destino

El reloj marcaba las ocho de la mañana cuando Sarah Fletcher tomó asiento en su escritorio. Afuera, el viento helado de marzo barría las calles, pero dentro del hospital todo era un caos organizado. Los pacientes iban y venían, y Sarah, como siempre, estaba al mando de la recepción, resolviendo problemas mientras las otras recepcionistas charlaban despreocupadamente. Vivir sola y no tener horarios que atender la convertía en el eje silencioso de la clínica, aunque nadie parecía notarlo, excepto quizás Radolf Nauta. —Buenos días, señorita Fletcher —dijo Radolf, entrando con la puntualidad y el frío de un reloj suizo. Sarah levantó la vista, consciente de que apenas reparaba en ella. Era un hombre alto, imponente, con ojos azules que parecían diseccionar cada rincón de la sala. Pero su mirada rara vez se posaba en ella más de un segundo. —Buenos días, doctor Nauta —respondió con cortesía automática. Sin embargo, algo en su interior se agitaba cada vez que él pasaba. Quizás era la inexplicable mezcla de admiración y enojo que sentía por su aparente indiferencia. En el fondo, no podía evitar preguntarse si él la veía realmente o si, como sospechaba, solo era una pieza más en la maquinaria del hospital. Esa tarde, mientras organizaba los últimos papeles del día, un incidente inesperado trastocó su mundo. Radolf había enviado un reporte donde, de forma indirecta pero clara, cuestionaba la capacidad de Sarah en su trabajo. La noticia llegó como un balde de agua fría: el director del hospital había decidido prescindir de sus servicios. —¿Por qué hizo esto? —le preguntó al director, con la voz quebrada. —Fue una decisión basada en el informe del doctor Nauta. No puedo ignorar sus observaciones, Sarah. Esa noche, en su diminuto apartamento, Sarah intentó convencerse de que aquello no era el fin del mundo. Pero mientras observaba a su gato Charles retozar en el balcón, no podía evitar sentir que algo se había roto en su interior. Radolf Nauta no solo había arruinado su empleo; también había sembrado una espina en su orgullo. —No volveré a cruzarme con ese hombre jamás —murmuró, más como un juramento que como una esperanza. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Una llamada de la madre de Radolf al día siguiente abrió una puerta que Sarah jamás hubiera querido tocar. Le ofrecía un trabajo cuidando a su abuela enferma. —Es solo temporal —se dijo a sí misma, con el teléfono aún en la mano—. Solo será un trabajo más. Pero mientras caminaba hacia la enorme casa de los Nauta por primera vez, el aire parecía más pesado, y las preguntas sobre su relación con Radolf empezaron a florecer. ¿La notaría esta vez? ¿O seguiría tratándola como un fantasma en su vida perfecta? —Esto no puede salir bien —murmuró, apretando los puños. Las espinas estaban plantadas, y Sarah estaba a punto de entrar en un jardín donde el orgullo, la atracción y el conflicto estaban destinados a enfrentarse.

Este documento es un resumen redactado con fines exclusivamente educativos e informativos. Su contenido ha sido elaborado con palabras propias del autor del resumen y no contiene reproducciones textuales de la obra original. La obra original, titulada 'Amor entre espinas', es de autoría de Betty Neels y todos sus derechos pertenecen a dicho autor y a sus titulares legales. Esta publicación no busca reemplazar la lectura de la obra original ni afecta su explotación comercial. No se reclaman derechos sobre el contenido original ni se pretende apropiación alguna. Se recomienda encarecidamente la lectura íntegra de la obra original para una experiencia completa. Puedes adquirirla legalmente en Amazon..

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