El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Saylor sacó decididamente su pistola y, tras subir a tientas por las escaleras, entró en aquella habitación, débilmente iluminada desde la calle. Allí no había nadie. Entonces oyó pisadas en la habitación de al lado y entró en ella. Todo estaba oscuro y en silencio. Con el pie golpeó un objeto que había en el suelo; se arrodilló y lo tocó con la mano. Era una cabeza humana, de mujer. Tras agarrarla por los cabellos, aquel tipo de nervios de acero regresó a la habitación de abajo y acercó la cabeza a la ventana para examinarla atentamente. Mientras se dedicaba a ello, fue consciente del rápido abrir y cerrar de la puerta de entrada y de las pisadas que se oían a su alrededor. Al apartar la vista de aquel objeto fantasmal, se encontró rodeado por una multitud de hombres y mujeres a los que apenas podía ver; la habitación estaba inundada de ellos. Entonces creyó que la gente había entrado.
—Señoras y caballeros —dijo con serenidad—: ustedes me están viendo en unas circunstancias sospechosas, pero…