El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras En ese momento los dos hombres, sorprendidos, se pusieron en pie de un salto: una larga parra, que cubrÃa la mitad de la fachada de la casa y cuyas ramas colgaban del borde superior del porche, se agitaba de un modo que resultaba visible y audible, sacudiendo violentamente el tallo y todas las hojas.
—Vamos a tener tormenta —comentó Hyatt.
Gruber, sin decir nada, dirigió la atención de Hyatt hacia el follaje de los árboles cercanos, que no se movÃan; hasta los débiles extremos de las ramas que destacaban sobre el cielo claro estaban inmóviles. Rápidamente, bajaron los escalones que llevaban a lo que habÃa sido una pequeña pradera de césped y dirigieron la vista hacia arriba, hacia la parra, cuya total longitud era ahora visible. SeguÃa agitándose violentamente, pero no podÃan comprender la causa de tal trastorno.
—Marchémonos —dijo el pastor.