El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Y eso hicieron. Olvidaron que habían venido en direcciones opuestas y se marcharon juntos. Llegaron a Norton, donde contaron su extraña experiencia a varios amigos discretos. Al día siguiente por la tarde, más o menos a la misma hora, acompañados por otras dos personas cuyos nombres no se recuerda, se encontraban de nuevo en el porche de la casa Harding y el fenómeno se produjo una vez más: la parra se agitaba violentamente, como demostró un cuidadoso examen, desde la raíz hasta la punta, y ni siquiera uniendo sus fuerzas sobre el tronco consiguieron calmarla. Después de estar observándola durante una hora, se retiraron, no menos inteligentes, según se cree, que cuando habían llegado.
No hizo falta mucho tiempo para que estos hechos singulares provocaran la curiosidad de toda la vecindad. De día y de noche, multitud de personas se congregaban en la casa Harding «buscando alguna señal». No parece probable que alguien la encontrara, aunque los testimonios mencionados resultaban tan creíbles que nadie puso en duda la realidad de las «manifestaciones» de las que ellos daban fe.
Ya fuera por una feliz inspiración o por un afán destructivo, un día se propuso (nadie parecía saber de quién partió la idea) arrancar la parra y, tras un caluroso debate, así se hizo. Sólo se encontró la raíz y, sin embargo, nada podría haber resultado más extraño.