El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Un día se produjo un malentendido entre padre e hijo; hubo duras palabras, y el padre dio un puñetazo al hijo en la cara. John se secó con lentitud la sangre que le había causado el golpe, clavó los ojos en el agresor ya arrepentido y dijo con frialdad: «Morirás por esto».
Estas palabras fueron oídas por los hermanos Jackson, que se acercaban a ellos en aquel momento; pero, al verles enzarzados en una discusión pasaron de largo y, al parecer, inadvertidos. Charles May relató después el desgraciado acontecimiento a su esposa y le explicó que le había pedido excusas a su hijo por el precipitado golpe, pero había sido inútil. El joven no sólo rechazaba las disculpas, sino que se negaba a retirar su terrible amenaza. A pesar de todo no hubo una ruptura abierta de relaciones: John siguió viviendo con la familia y las cosas continuaron como siempre.
Un domingo por la mañana, en junio de 1879, unas dos semanas después de que ocurrieran estos hechos, Charles May salió de la casa inmediatamente después del desayuno, con una pala. Dijo que iba a abrir un agujero en una fuente que se encontraba a una milla de distancia, en el bosque, para que el ganado tuviera agua. John se quedó en la casa durante unas horas, ocupado en afeitarse, escribir cartas y leer el periódico. Su disposición era la usual, quizás parecía un poco más malhumorado y hosco.