El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Hay que decir, a la luz de una prueba recién descubierta, que esta ingeniosa interpretación no fue completamente aceptada por la mente, más lógica, del joven. Por un momento tuvo el presentimiento de que aquel sueño presagiaba una calamidad más sencilla e inmediata, aunque menos trágica, que una visita a la costa del PacÃfico: Halpin Frayser tuvo la impresión de que iba a ser estrangulado en su patria chica.
—¿No hay balnearios de aguas medicinales en California —continuó la señora Frayser, antes de que él pudiera exponer el verdadero significado del sueño en los que puedan curarse el reumatismo y la neuralgia? Mira qué dedos tan rÃgidos; estoy casi segura de que hasta durmiendo me producen dolor.
Extendió las manos para que las viera. El cronista es incapaz de señalar cuál fue el diagnóstico que el joven prefirió guardar para sà con una sonrisa, pero se siente en la obligación de añadir, de su cosecha, que nunca unos dedos parecieron menos rÃgidos y con menos apariencia de insensibilidad.
El resultado fue que, de estas dos personas con los mismos raros conceptos sobre el deber, una se fue a California, tal y como demandaba su clientela, y la otra se quedó en casa, obedeciendo asà al deseo, apenas consciente, de su marido.