El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Cuatro días después la afligida madre en persona fue por agua a la fuente. Cuando regresó contó que, al pasar por el lugar en el que las huellas habían desaparecido, escuchó la voz de su hijo y que ella le había llamado con impaciencia mientras daba vueltas por el paraje, pues le había parecido que la voz venía unas veces en una dirección y otras en otra, hasta que se sintió agotada por el cansancio y la emoción. Al preguntarle lo que había dicho la voz, fue incapaz de repetirlo, aunque afirmó que las palabras eran perfectamente claras. En un instante toda la familia se dirigió al lugar, pero no oyeron nada, y llegaron a la conclusión de que la voz era una alucinación producida por la gran ansiedad de la madre y sus trastornados nervios. Pero luego, durante meses, a intervalos irregulares de unos cuantos días, la voz volvió a ser oída por varios miembros de la familia y por otra gente. Todos declararon que, sin lugar a dudas, se trataba de la voz de Charles Ashmore; todos coincidieron en que parecía venir de muy lejos, pues era muy débil, y en que la claridad de su articulación era completa. Sin embargo, ninguno pudo determinar su procedencia, ni repetir sus palabras. Los intervalos de silencio se hicieron cada vez mayores, y la voz cada vez más débil y lejana, hasta que, hacia la mitad del verano, dejó de oírse.
Si alguien conoce el destino de Charles Ashmore, es probablemente su madre. Pero ha muerto.