El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Este Jo. Dunfer, o Whisky Jo., como era conocido familiarmente en los contornos, era un personaje muy importante por estos parajes. Aparentaba unos cuarenta años, y era un tipo alto, greñudo, de facciones contraídas, con un brazo torcido y una mano nudosa como un manojo de llaves de prisión. Era un individuo con mucho vello, que andaba encorvado, como alguien que está a punto de saltar sobre algo para destrozarlo.
Aparte de la peculiaridad a la que debía su apodo local, la característica más destacada de Mr. Dunfer era una antipatía, profundamente arraigada, hacia lo chino. Una vez le vi sufrir un ataque de rabia porque uno de sus vaqueros había permitido a un asiático rendido por el viaje saciar su sed en el abrevadero de los caballos que hay delante del establecimiento de Jo. Me atreví a reconvenirle con suavidad por su falta de espíritu cristiano, pero él se limitó a responder que el Nuevo Testamento no decía nada acerca de los chinos, y se marchó a pagar su enfado con el perro, a quien supongo que los inspirados escribas también habían olvidado.
Algunos días después le encontré sentado en el bar, solo, y saqué de nuevo el tema con precaución; observé, para gran alivio mío, que la austeridad habitual de su expresión se había transformado en algo que a mí me pareció condescendencia.