El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras —Vosotros, los jóvenes del Este —dijo—, vivÃs muy alejados de estas tierras y no comprendéis nuestra actividad. La gente que no distingue a un Chileño de un Kanaka puede permitirse expresar ideas liberales sobre la inmigración china, pero el tipo que tiene que luchar por su sustento con un montón de mestizos «coolies» no tiene tiempo para perderlo en tonterÃas.
Este gran bebedor, que con toda probabilidad no habÃa realizado un dÃa de trabajo honrado en su vida, hizo saltar la tapa de una caja de tabaco china y sacó con el pulgar y el Ãndice un pedazo que parecÃa un almiar de heno. Sosteniendo el estimulante a cierta distancia, arremetió de nuevo con renovada confianza.
—Por si no lo sabÃas, son una plaga de langostas devastadoras que atacan todo lo verde que hay en esta bendita tierra de Dios.
En este punto se echó el taco a la boca, y cuando su mecanismo parlante estuvo de nuevo libre, reanudó su inspirado discurso.