El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Un frío repentino me sacó de mis abstracciones y, al levantar la cabeza, me di cuenta de que estaba llegando a las oscuras sombras del barranco. El día era bochornoso, y este cambio, desde el calor despiadado y visible de los campos secos a la fresca oscuridad, llena de la austeridad de los cedros y del canto de los pájaros que habían sido conducidos a su frondoso asilo, resultaba exquisitamente refrescante. Busqué el misterio, como siempre, pero al no encontrar el barranco muy comunicativo, desmonté, llevé a mi sudoroso caballo hacia la espesura, lo até con firmeza a un árbol y me senté en una roca a meditar.