El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Comencé por analizar con valor mi superstición preferida sobre aquel lugar. Una vez que hube desglosado sus elementos integrantes, los dispuse en un número oportuno de tropas y escuadrones y, reuniendo todas las fuerzas de la lógica, avancé hacia ellos desde unas premisas inexpugnables, acompañado de un estruendo de conclusiones irresistibles, de un gran ruido de carros y del clamor intelectual general. Entonces, cuando mis tremendos cañones mentales habían vencido toda oposición y su rugido reverberaba de un modo casi imperceptible en la lejanía del horizonte de la pura especulación, el derrotado enemigo se desplegó por la retaguardia, concentró sus fuerzas sigilosamente formando una falange compacta, y me capturó, con todos los bártulos. Me asaltó una sensación de terror indescriptible. Para deshacerme de ella, me puse en pie y empecé a abrirme paso por la estrecha vaguada, siguiendo una vieja cañada llena de hierba que discurría por el fondo, en sustitución del arroyo que la Naturaleza había olvidado proveer.