El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Asimismo como aviso a los Celestiales
para que no presuman.
¡Que el diablo se los lleve!
Ella era un buen tipo.
Soy incapaz de expresar mi asombro ante aquella extraña inscripción. La escasa, aunque suficiente, identificación del difunto, el candor atrevido de la confesión, el brutal anatema, el absurdo cambio de sexo y sentimiento: todo indicaba que este protocolo era obra de alguien que, como mÃnimo, debÃa de haber estado tan loco como afligido. Pensé que cualquier revelación posterior serÃa una miserable decepción, por lo que, con un respeto inconsciente por el efecto dramático, me di la vuelta completamente y me alejé de allÃ. No volvà por aquella parte de la región en cuatro años.
— ¡Arre, viejo Fuddy-Duddy[2]!