El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras »—¡Noticias! —repitió con aparente sorpresa—. Pero si está aquÃ. Me lo encontré ayer, diez minutos antes de cruzarme con usted. Por eso le saludé exactamente del mismo modo que él lo habÃa hecho. Hace menos de media hora que me lo he vuelto a encontrar y su gesto ha sido el mismo: una simple inclinación de cabeza y se acabó. Gracias por su amabilidad señor Foley. Buenos dÃas, o mejor dicho, adiós.
»El comportamiento del señor Conway me pareció de una delicadeza y consideración singulares.
»Como las situaciones dramáticas y sus efectos literarios no son mi cometido, he de decir que el señor Barring habÃa muerto. Su fallecimiento se habÃa producido cuatro dÃas antes de mi conversación con el señor Conway. Decidà visitarle e informarle de la desaparición de nuestro común amigo, mostrándole la carta que asà lo comunicaba. Le afectó de tal modo que resultaba imposible dudar de sus sentimientos.
»—Parece increÃble —dijo, tras un momento de reflexión—. Debà confundir a otra persona con Barring y aquel frÃo gesto no pudo ser otra cosa que la contestación que un desconocido hacÃa a mi saludo. A decir verdad, recuerdo que aquel individuo, a diferencia de Barring, no llevaba bigote.