El Clan de los Parricidas y otras historias macabras
El Clan de los Parricidas y otras historias macabras Al salir del bosque se encontró de repente en una vieja carretera. Ante él vislumbró la figura de un hombre inmóvil en la oscuridad. No podÃa retroceder: sentÃa que al menor movimiento de retirada, según explicarÃa después, «le llenarÃa de plomo». Los dos permanecieron rÃgidos como palos; a Brower casi se le salÃa el corazón por la boca; del otro, nunca se supieron sus emociones.
Al cabo de un momento, que podrÃa haber sido una hora, la luna apareció en un claro del cielo y el fugitivo vio al representante de la ley levantar su arma y apuntar hacia él. Comprendió perfectamente y, tras dar media vuelta, comenzó a caminar sumisamente en la dirección que le indicaban, sin atreverse a mirar ni a derecha ni a izquierda. Le daba miedo hasta respirar, pues no querÃa ver su cabeza llena de perdigones.
Brower era un criminal tan valiente como cualquiera de los que van a la horca; esto se deducÃa de las condiciones extremadamente peligrosas en las que habÃa asesinado frÃamente a su cuñado. No tiene sentido alguno relatarlas aquÃ, pero cuando salieron a relucir en el juicio, la revelación de la calma que habÃa demostrado en dichas circunstancias casi le salva el pescuezo. En fin, qué se le va a hacer: cuando un hombre valiente es vencido, no le queda otra solución que rendirse.