El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Un lugar de reunión favorito de los emigrados cultos era la librería e imprenta de Néstor Ponce de León. El dueño, casado con Antonia Bachiller, hija del sabio cubano Antonio Bachiller y Morales, estaba relacionado con las familias más distinguidas de La Habana; era hombre culto, afable, con fino sentido del humour, como dicen los ingleses, y pródigo en cuentos amenos.
Además de libros, había en la tienda acopio de valiosos documentos históricos, que hacían las delicias de Martí. Refiriéndose a ellos en Patria dice el Maestro: “¡Cuántos tesoros en aquellos estantes y qué envidia, para cuando esté hecho lo que tenemos que hacer y pueda uno ponerse a revolver papeles viejos!”
Frecuentaban el establecimiento con asiduidad los hermanos Sellén, Francisco y Antonio, íntimos de Martí desde la infancia. Pancho Sellén, inspirado poeta y hombre de letras, autor de Hatuey y de una oda a Lincoln, era tan tímido que se inmutaba y ruborizaba como una niña con la mayor facilidad. Se ponía tartamudo cuando encontraba en la calle una dama conocida y deseaba saludarla. Era un alma bella y un gran patriota.
Se había casado con una señorita alemana que no hablaba el castellano. Nos preguntábamos, maravillados, cómo le habría hecho la corte; pero parecían felices.
