El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Entre los emigrados de la primera época, antes de la llegada de Martí a Nueva York, pero que él alcanzó, se encontraba Maruja Borrero, madre de Bembeta, aquel valiente Bernabé de Varona que fue fusilado al desembarcar en Cuba con los expedicionarios del Virginius.
Hablando de esta noble mujer escribió Martí esta frase lapidaria: “Como sagrado queda el seno donde palpitó un héroe.”
Dicen que no había hombre mejor parecido que Bembeta y que cuando estuvo en Nueva York la gente se volvía por la calle para admirar su arrogante figura.
Su madre y su hermana, Juana de Dios, llegaron al Norte, después de su gran tragedia, huyendo, medio muertas de dolor, habiendo dejado tras de sí su casa, su bienestar, todo.
Acostumbradas a una existencia desahogada y fácil, no estaban preparadas para afrontar la lucha por la vida en un país extraño.
Pero querer es poder. Las dos mujeres eran de madera heroica. Hicieron lo que otras habían hecho: pusieron una casa de huéspedes para criollos. Sin experiencia ni conocimiento del idioma inglés no les fue fácil adaptarse al medio, y los cuentos que se hacían de sus aventuras son divertidísimos.
