El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Una de las residencias más elegantes de los cubanos en Nueva York por aquel entonces era indudablemente la de los esposos Juan Peoli y Antonia Alfonso, en la calle 74, entre Quinta y Madison. Peoli era pintor de talento. Había viajado extensamente por Europa, y adquirido valiosas obras de arte, que adornaban tanto su vivienda como su estudio. Además de artista, era Peoli hombre culto de mucha lectura: su biblioteca era extensa y escogida.
En La Habana había sido amigo de Saco y de Delmonte, y en Madrid, íntimo de Pepe Güell, el apuesto cubano que casó con la infanta María Josefa de Borbón. Cuentan que los caballos del coche en que iba la infanta se desbocaron una tarde en el Paseo de la Castellana: Güell y Peoli, que se encontraban al paso, se precipitaron y pudieron pararlos, salvando a la princesa a punto de ser precipitada por los animales en furiosa carrera. Ahí empezó un romántico idilio que se consagró ante el altar.
Peoli ayudó mucho a la enamorada pareja en sus contrariados amores, que son todo una novela.
Antoñica pertenecía a la acaudalada familia de los Alfonso, de La Habana; era mujer de gran bondad y dulzura; ambos apreciaban mucho a Martí.
