El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí “Un santo rodeado de montes” es como empieza Martí una crónica en Patria hablando de Tomás Estrada Palma10 en su colegio de Central Valley, al pie de los Catskills.
Había sido aquel varón justo presidente de la república en armas y empleó los largos años de lucha y de espera dedicado a la noble labor de formar caracteres y patriotas.
Su escuela tuvo buen éxito. Allí acudieron los hijos de familias hispanoamericanas y algunos del país y aprendieron no sólo el curriculum usual de los libros, sino a ser hombres de verdad, rectos, generosos y corteses.
La escuela de Central Valley era una gran familia: don Tomás el maestro paternal; su buena esposa, doña Genoveva, dispensadora de ternura; sus hijos, excelentes estudiantes y compañeros.
Aunque vivía en el campo, a dos horas en tren de Nueva York, iba don Tomás con frecuencia a la ciudad para los mítines y las sesiones de la Junta Revolucionaria, que fue llamado a presidir al faltar Martí.
Como Cincinato, lo llevaron del arado, o sea de su colegio rural, donde él alternaba la enseñanza en las aulas con las faenas del campo, al Capitolio para que inaugurara la patria nueva y fuera el primer presidente de Cuba libertada.
