El Martí que yo conocí

El Martí que yo conocí

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EL HOTEL FÉNIX

Dos hermosas casas, el número 211 y el 213 de la calle 14, al oeste, eran el albergue de muchos hispanoamericanos. Allí se hospedó, viejo y desilusionado, Lerdo de Tejada: era presidente de México cuando Martí llegó allí, de España, en 1875 y encontró tan cordial acogida, hasta el advenimiento de Porfirio Díaz.

Allí vivió más de un año otro presidente en exilio, Rojas Paul, de Venezuela; muchos cubanos: Aurelio Arango, cuyas lindas hijas, Aurelia, esposa de Arturo Cuyás, muerta casi antes de marchitarse sus azahares nupciales, y Elvira, que aún vive en La Habana, viuda de aquel dechado de honradez que se llamó Manuel Despaigne.

El diputado autonomista Rafael Fernández de Castro, sus padres y sus hermanas estuvieron allí después de una temporada en Saratoga. Allí conoció Carmen Fernández de Castro, presentada por mi cuñada, a Alejandro Rodríguez Capote, con quien se casó.

Allí estuvo también, pero más tarde, en el 95, Cosme de la Torriente, joven patriota, uno de los cinco cubanos que respondieron sin titubear al llamamiento de Gerardo Castellanos, comisionado de Martí, ofreciéndose espontánea e incondicionalmente al servicio de la Revolución libertadora.

En Nueva York esperaba impaciente la salida de una expedición que lo llevara a luchar en los campos de Cuba.


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