El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí No es este libro una biografía de Martí. Hay varias magníficas que nunca pretendería yo superar, ni igualar siquiera.
Tengo, sin embargo, un título que me da derecho a escribir sobre nuestro Héroe Nacional: el de haberlo conocido y tratado durante diez años, en los cuales pude verlo de cerca, estudiar su personalidad, sus gustos, su carácter, y moverme en el medio en que él se movía.
Mi ilustre amigo Emeterio S. Santovenia me ha instado a que avive mis recuerdos, hurgue en mi memoria, antes de que se pierdan en la noche del olvido tantos nimios hechos de esa vida ejemplar que me tocó en suerte conocer. Cediendo a esta instancia, he procurado recogerlos en estas páginas.
He querido evocar también a sus amigos de Nueva York, el ambiente de la colonia cubana en los años que Martí pasó allí, los sucesos que dieron sosiego y esparcimiento a su existencia de intenso trabajo; y si con esto he podido contribuir en algo a arrojar un poco más de luz sobre su egregia figura, tan humana, tan sencilla, tan dulce en el trato familiar; si he logrado acercar a Martí un tanto más al corazón de sus compatriotas, para que lo miren como a un hermano mayor que los quiso mucho y dedicó su vida entera a hacerlos libres y felices, habré realizado, en la medida de mis fuerzas, uno de sus más fervorosos anhelos: sembrar el amor.
