El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí No tuvo Martí en la emigración compañero más fiel y consecuente que Benjamín Guerra, miembro de la Junta, colaborador en La Liga, tesorero del Partido Revolucionario, asociado con él en todos los trabajos de aquella época heroica; y con la familia de aquel buen cubano le unían lazos de mucha simpatía. Ya hemos visto varios versos dedicados a las chicas, muchas cartas a Benjamín y libros ofrecidos a su esposa, Ubaldina.
Recibo de Francés Guerra, la hija del patriota, una carta de Martí escrita a la abuela de aquella y quiero aquí explicarla un poco.
En el verano de 1891, los Guerra salían de Nueva York para veranear en Sea Cliff, y en el tren se sintió enferma la madre de Ubaldina, señora Mariana Guerra viuda de Barranco. En cuanto llegó al hotel, hubo que acostarla; tenía fiebre y pronto se declaró la pulmonía. Por suerte se hallaban en el pueblo el médico doctor Esteban Borrero y Martí. El primero se instituyó a la cabecera y el segundo se unió a la familia para cuidar con habilidad y ternura a la anciana. Muy grave estuvo, pero se repuso, y les guardó a sus salvadores un profundo agradecimiento.
