El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Nadie enganchó su carro a una estrella con más firme propósito de alcanzar la meta, sean cuales fueren la altura y la dificultad del camino, que José Martí.
Amó a Cuba, y la independencia de la patria fue la luz que guió e iluminó su vida.
Muy diferente era su personalidad de la de muchos jefes hispanoamericanos; no tenía aire marcial, ni métodos dictatoriales, ni ambición desmedida.
Inalterable en su determinación, era, no obstante, “tierno hacia los hombres y fiel a su propia alma”.
Sus convicciones surgían del corazón, pasando por su cerebro poderoso.
Era sincero, de ahí la fuerza irresistible de su avasalladora palabra.
Hombre de vastísima cultura, estudiaba sin cesar y tenía una capacidad asombrosa para el trabajo.
Para conocer a Martí hay que considerarlo bajo el triple aspecto de pensador, artista y hombre de Estado.
Sus modales corteses, y la agudeza de sus apreciaciones artísticas, sus delicados y magníficos versos lo colocan en un medio ultra refinado; era, sin embargo, de origen humilde, de familia modestísima.
